1909 Contribución y participación estatua del Gran Capitán.

El Gran Capitán: la estatua que vigila pacientemente Córdoba
En pleno corazón de Córdoba, en la emblemática Plaza de las Tendillas, se alza una de las esculturas más singulares y simbólicas de España: la estatua ecuestre del Gonzalo Fernández de Córdoba. Más que un monumento, es un símbolo de identidad colectiva, memoria histórica y orgullo cordobés.

Una inauguración histórica en 1923
El 24 de octubre de 1923, Córdoba vivió una jornada inolvidable. La ciudad rindió homenaje a su hijo más universal con la inauguración oficial de la estatua ecuestre del Gran Capitán. La Plaza de las Tendillas, entonces inmersa en un importante proceso de modernización urbana, apareció abarrotada por miles de cordobeses.
Autoridades civiles, militares y eclesiásticas acudieron al solemne acto, junto a estudiantes, bandas de música y representantes de numerosas instituciones. La ceremonia estuvo cargada de simbolismo patriótico y orgullo local. Uniformes de gala, discursos solemnes y desfiles militares acompañaron la bendición oficial del monumento.
La importancia del acontecimiento fue tal que quedó registrada en una filmación de la época, una auténtica cápsula del tiempo en blanco y negro, sin sonido, donde todavía hoy pueden verse las autoridades, los desfiles y la multitud congregada alrededor del monumento recién inaugurado.
Puedes ver el vídeo de la inauguración aquí:
g.co⁠�
Aquella jornada simbolizaba algo más profundo: una Córdoba que miraba con orgullo a su pasado glorioso mientras construía su identidad moderna.
Mateo Inurria y un héroe diferente
La obra fue diseñada por el escultor cordobés Mateo Inurria, quien decidió representar al Gran Capitán de una forma muy distinta a la habitual en los monumentos militares.
El detalle más sorprendente es que Gonzalo Fernández de Córdoba no porta espada alguna.
No fue un descuido. Inurria quiso alejarse de la imagen del guerrero impulsivo para mostrar al estratega genial, al diplomático, al hombre de inteligencia militar que revolucionó la forma de hacer la guerra en Europa.
El caballo no galopa. Avanza lentamente.
El Gran Capitán no ataca. Observa.
Su figura aparece serena, dominadora, casi reflexiva. La cabeza, ligeramente ladeada y elevada, parece saludar a la ciudad que lo recibe victorioso siglos después de sus campañas italianas. No representa el fragor de la batalla, sino la autoridad tranquila del vencedor consciente de su grandeza.
Un rostro prestado para la eternidad
Existe además otra curiosidad fascinante: el rostro de la estatua probablemente no corresponde al verdadero Gonzalo Fernández de Córdoba.
No se conservan retratos auténticos y fiables del siglo XV que permitan conocer con exactitud su apariencia. Por ello, Mateo Inurria recurrió a modelos contemporáneos para esculpir el rostro idealizado del héroe.
La tradición popular cordobesa sostiene que el escultor se inspiró en un joven torero, posiblemente relacionado con el célebre Rafael Molina Sánchez, aunque este extremo nunca pudo documentarse plenamente. Lo cierto es que Inurria creó una imagen poderosa y elegante: un guerrero de rasgos serenos, coronado por el laurel clásico que simboliza la gloria eterna.
La participación del linaje Fernández de Córdoba
La construcción del monumento no fue únicamente una iniciativa institucional. El propio linaje de los Linaje Fernández de Córdoba participó activamente en el homenaje y contribuyó a mantener viva la memoria histórica del Gran Capitán.
Diversas ramas familiares y descendientes vinculados a la antigua casa nobiliaria apoyaron los actos conmemorativos y colaboraron en el impulso social y simbólico del monumento, consciente Córdoba de que no homenajeaba solo a un militar ilustre, sino a una figura esencial de la historia de España y uno de los miembros más universales del linaje Fernández de Córdoba.
La estatua representaba así no solo a un hombre, sino también la continuidad histórica de una de las familias más influyentes de la nobleza castellana y andaluza.
Un símbolo eterno de Córdoba
Desde hace más de un siglo, la estatua contempla silenciosamente la vida cotidiana de Córdoba.
Ha presenciado procesiones, manifestaciones, celebraciones deportivas, cambios políticos y generaciones enteras de cordobeses. Miles de turistas se fotografían cada año ante ella, mientras los habitantes de la ciudad la consideran ya parte inseparable del alma cordobesa.
El Gran Capitán continúa allí, paciente y sereno, observando el paso del tiempo desde el centro de la ciudad que nunca olvidó a su héroe más universal.
Porque más que una estatua, el monumento de las Tendillas es memoria, identidad y orgullo histórico de Córdoba.
Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero
fferyri@gmail.