ANTON FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA

La iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán de Cabra: historia, patronazgo y heráldica.

Foto obtenida entre 1860 y 1898.   Tamaño 12×18 cm.

Procede de la obra Portfolio Fotográfico de España, de Ceferino Rocafort, nacido

en el año 1872 y fallecido el 1917.    Están editadas por A. Martin en Barcelona, entre los años 1899 y 1911.

La iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán es uno de los templos históricos más relevantes de la ciudad de Cabra (Córdoba) y un claro testimonio del peso espiritual, social y artístico que la Orden de Predicadores (dominicos) alcanzó en la localidad desde la Edad Moderna.

Orígenes y fundación del convento dominico.

Los orígenes del templo se remontan a comienzos del siglo XVI, cuando existía en el lugar una pequeña edificación conocida como ermita de la Doctrina. El impulso decisivo llegó en 1550, cuando se inició la construcción de la iglesia y del convento dominico anexo, el primero de la orden en Cabra, gracias a la donación de una casa y una huerta realizada por el bachiller Antón de León y Fernández de Córdoba y su esposa Juana de Gálvez.

Antón de León y Fernández de Córdoba era hijo de Pedro Fernández de Córdoba y de María Fernández Atienza, lo que lo vinculaba a una de las ramas locales del amplio y poderoso linaje cordobés de los Fernández de Córdoba, cuyo patronazgo religioso fue determinante en la expansión conventual de la zona.

La toma de posesión de los bienes por parte del prior de la iglesia de San Pablo de Córdoba generó tensiones con el obispo de Córdoba, Leopoldo de Austria, oposición que solo se resolvió gracias a la intervención del rey Felipe II, sobrino del prelado, favorecida por su estrecha relación con el conde de Cabra, Gonzalo Fernández de Córdoba y Fernández de Córdoba. Este episodio refleja el peso político y social que la nobleza local ejercía sobre las fundaciones religiosas.

Esplendor conventual y transformaciones barrocas.

Durante el siglo XVIII, el convento de Santo Domingo alcanzó su mayor apogeo, llegando a albergar 34 religiosos, lo que lo convertía en el más poblado de la ciudad. Aunque oficialmente era conocido por los dominicos como convento de Nuestra Señora de la Concepción, el pueblo de Cabra lo identificó siempre como convento de Santo Domingo.

La profunda devoción a la Virgen del Rosario, canalizada a través de su cofradía, permitió acometer importantes reformas artísticas. En 1744 se ejecutó la fachada principal, de claro carácter barroco, con columnas salomónicas, escudos de la orden dominica y una hornacina central con la imagen de la Inmaculada Concepción. Posteriormente, en 1770, se levantó la fachada de la capilla del Rosario, obra atribuida a Francisco Javier Pedrajas.

De convento a parroquia y usos asistenciales.

Tras la desamortización de 1835, el convento fue secularizado y transformado en hospital de Beneficencia, integrando otros hospitales históricos de la ciudad. Desde 1841, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl asumieron la labor asistencial y educativa, abriendo en 1904 una escuela de párvulos.

El crecimiento demográfico de Cabra motivó que el obispo de Córdoba, Sebastián Herrero, elevara la iglesia a parroquia el 15 de noviembre de 1890, siendo su primer párroco José del Carpio.

Restauraciones contemporáneas.

En 1954 se produjo el derrumbe de la bóveda de la nave, lo que dio lugar a una profunda restauración que incluyó el revestimiento exterior con ladrillo visto y la colocación de un mosaico de Santo Domingo, obra de Alfonso Santiago, finalizada en 1958.

Más recientemente, entre febrero de 2024 y marzo de 2025, se llevó a cabo una importante intervención en cubiertas y fachadas, que permitió recuperar los sillares originales de aparejo toledano, restaurar las portadas, la espadaña y diversos elementos escultóricos, con un presupuesto superior a 200.000 euros, sufragado íntegramente por la feligresía. En noviembre de 2025 se colocó una imagen de San Rodrigo, obra de Manuel Luque Bonillo, en una hornacina descubierta tras la eliminación del encalado.

El escudo heráldico de la fachada.

En la fachada del conjunto se conserva un escudo heráldico de notable interés, tradicionalmente vinculado al patronazgo nobiliario de la fundación. Aunque su lectura exacta depende del estado de conservación y de los detalles visibles en la piedra, el escudo presenta una tipología nobiliaria clásica, coherente con la heráldica empleada por ramas del linaje Fernández de Córdoba en el siglo XVI.

Se puede observar con nitidez en punta el Rey moro encadenado, la corona de conde.

Este tipo de escudos suelen incorporar particiones simples, símbolos de linaje —frecuentemente bandas, castillos o leones en combinaciones características— y, en ocasiones, timbre o corona acordes a la condición social del donante. Su presencia en un lugar destacado del templo refuerza la interpretación del edificio no solo como espacio religioso, sino también como manifestación de memoria familiar, patronazgo y prestigio social, en línea con otras fundaciones vinculadas a la nobleza cordobesa.

El escudo actúa así como un elemento de identidad histórica, recordando el papel decisivo de los benefactores en la implantación de la Orden de Predicadores en Cabra y en la configuración del paisaje religioso urbano.

Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero.

fferyri@gmail.com