
Besamanos del Conde de Cabra.
Por el interés histórico y heráldico transcribo.
HISTORIA DE LA VILLA DE BAENA.
APÉNDICE NÚM. 23
En ella se relata la importancia que en su día, se le dio a la batalla de Lucena.
Recibimiento.
Relación de lo ocurrido en Vitoria cuando el Conde de Cabra fue a besar las manos á la Reina Dª. Isabel después de la batalla de Lucena.
«El Rey nuestro señor se partío de Córdoba entrante el mes de Septiembre para la ciudad de Vitoria, dó la Reyna nuestra Señora estava, y por que el Conde después del vencimiento y prisión del Rey de Granada, no había besado las reales manos de la Reyna nuestra señora, fue á se las besar á Vitoria, bien acompañado de cavalleros y escuderos, de sus parientes y criados, y sus trompetas bastardas,
Y llego quince días después de llagar el Rey nuestro señor; y sabido por sus Altezas que el Conde venia, mandaron el día que entró en Corte que todos los perlados y grandes, duques, marqueses y condes cavalleros y ricos hombres que estavan en su corte saliesen á recibillo, y los reyes de armas, farautes y pasabantes y trompetas y atabales de sus Altezas y otros instrumentos. El Reverendisimo Señor Don Pedro Gonzalez de Mendoza, Cardenal de España, Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, salió á recibir al Conde, y todos los otros Grandes y cavalleros; y el señor Cardenal lo tomó á par de sí, y entró, los reyes de armas delante dellos, y tocando las trompetas y añafiles fue á se aperar al palacio dó sus Altezas posaban, y el Rey y la Reyna nuestro señores estaban en su ostrado al cabo de una tundra, y como vieron sus Altezas entrar al Conde por puerta, levantáronse y salieron á él mas de la meitat de la quadra, dó alegremente fue recibio y por él besado sus Reales manos;
y vuelto sus Altezas al estado dó primero estavan, se asentaron, y dixeron al Cardenal y mandaron al Conde se asentasen, y luego salieron veinte damas, rica y galanamente vestidas, y tocando los ministriles altos, danzaron y festexaron al Conde hasta la media noche, y mandáronles sus Altezas se fuesen á reposar. El Reverendísimo Cardenal, que era hermano del muy magnifico señor Don Diego de Mendoza, Duque del Infantado, Marques de Santillana, Conde del Real y de Saldaña, Señor de la Casa de Mendoza, padre de la Conesa, muger del Conde, llevolo á cenar consigo. El Alcayde de los Donceles llegó á aquella ciudad de Vitoria después del Conde, y algunos grandes le salieron á recibir; y del Rey y la Reyna nuestros señores fueron muy bien recibidos. Y donde á cinco días que el Conde llegóa, vino el Marqués de Villena, mayordomo mayor de sus Altezas y gran privado suyo, y díxele al Conde, estando en su posada, como sus Altezas le mandaban y rogaban fuese para el otro dia domingo en la noche á ser su convidado, y esto mismo habló al Alcayde de los Donceles. Respondiéronle el Conde y el Alcayde que besaban sus Reales manos por ello, y el domingo en la tarde fueron el Conde y el Alcayde a Palacio. Estaba la casa Real muy guarnida de doseles de brocado y drapería y bordados y ricos paños de tapicería, y en los aparadores, en diversas piezas, mucha plata dorada y blanca. Sus Altezas estaban asentados en su estrado, y el señor Cardenal asentado cerca de ellos; y mandaron sus Altezas asentar al Conde y al Alcayde, y donde á poco salió la señora Infanta Doña Isabel, hija maior de sus Altezar, con treinta y cinco damas muy ataviadas y vestidas de brocado bordado y chapado, y tocaron los ministriles altos. Los mayordomos y maestresalas hicieron hacer lugar en la sala, y de una parte y otra avia muchas hachas encendidas.
Celebración y concesión.
Comenzaron a danzar las damas con los cavalleros y gentiles hombres cortesanos, y después de aver danzado mas de dos horas, danzó la señora Infanta con Doña Francisca de Silva, una dama suya, y danzó luego el Rey nuestro señor con Don Fadroqie de Toledo, fijo del duque de Alva; y acabado su alteza de danzar, danzó la reyna con nuestra señora doña Isabel Ossorio, fija del marqués de Astorga, Conde de Trastamara, como su Alteza uvo danzado, bailaron algunas damas, y después la señora Infanta. Acabado de bailar, pusieron la mesa, y el Rey y la Reyna nuestros señores se asentaron, y tomó la Reyna nuestra señora á la señora Infanta, y asentola á su mano izquierda. Sus Altezas mandaron al Conde se asentase cabo la Infanta, y el Alcayde de la otra parte del Conde, y cenaron con sus Altezas. <servía de maiordomo maior el Marqués de Villena, y tres maestres salar, y tocando mas cuarenta trompetas bastardas, y mas de diez ó doce pares de atabales, y tres coplas de ministriles altos, truxieron el manjar. Traían tres platos; dos para el Rey é la Reyna nuestros señores, y otro para el Conde y el alcayde. Duró la cena mas de dos horas, y cada vez que traian platos, tocaban las trompetas y atabales y ministriles. Acabada la cena, levantóse el Conde y besó las manos al Rey y a la Reyna nuestros señores; y le dixo: Conde, esta sea para con otras muchas. El Conde respondió: en servicio de vuestras Altezas. El Alcayde hizo lo mismo, entraronse sus Altezas á una cámara, y mandaron entrar al Conde y al Alcayde, y á un rato que sería tres horas pasada la media noche, dijo el Conde que era hora quesos Altezas reposasen. Y otro día enviaron sus Altezas al Conde Fernan Álvarez de Toledo, su secretario y de su consejero, á mandar que Truxiese la cabeza del Rey de Granada, que avía vencido y prendido, dentro del escudo de armas, y las veinte y dos banderas que en la batalla se tomaron por orla dellas, y que recibiese trescientos maravedís de juro de heredad, y los pedidos y monedas de las villa y tierras que él tenia, y los quinientos de Alcalá la Real, y cient mill maravedís de por vida para don Iñigo, su hijo segundo del Conde, y que esto le mandaban y rogaban que tomase en alguna enmienda y comienzo de otras mercedes que le entendían hacer por el servicio tan señalado que á nuestro Señor y á sus Altezas avía fecho, de que tanto provecho se esperaba para la conquista que sus Altezas tenían contra el Reyno de Granada. El Conde respondió besaba las Reales manos de sus Altezas, y tal confianza tenía, que pues á nuestro Señor plugo que en tiempo y buenaventura de sus Altezas la prisión del Rey de Granada y vencimiento huviese sido, que sus Altezas le farían otras mercedes á él y á sus hijos; pues con lo que avia heredado del conde, su padre y Señor, y lo que él y ellos tuviesen, todos los días que viviesen avian de servir a sus Altezas.
Al Alcayde de los Donceles hicieron merced truxiese las armas con la cabeza y las banderas del Rey moro, y de algunos maravedís de juro.
Y el Rey y la Reyna nuestros Señores mandaron al Conde, después de haber estado algunos días en la corte, que viniese á su tierra y á la frontera, y venido, continuó la guerra contra los moros, enemigos de nuestra fé. Dense por siempre jamás infinitas gracias á nuestro Señor, que ansí lo plugo ordenar este vencimiento y prisión del Rey de Granada, pues todo viene de su mano.» QUIA SINE FACTUM EST NICHIL
Transcripción: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero.
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