
Los «Influencers» del Renacimiento: Biografía, Reyes y Sucesión.
Hoy os presentamos a los mecenas de la historia local de Baena: Don Antonio Fernández de Córdoba y Cardona y su esposa, Doña Juana Fernández de Córdoba y Aragón. En pleno siglo XVI, formaron una de las parejas más ricas, cultas e influyentes de toda España
- Don Antonio (1550-1606): Fue el V Duque de Sessa, III Duque de Baena y VII Conde de Cabra. Un auténtica pieza clave de la política imperial: fue Embajador de España en Roma, Consejero de Estado del Rey Felipe III y Presidente del prestigioso Consejo de Órdenes.
- Doña Juana: Prima y esposa de Antonio, poseía un linaje de nivel casi regio, lo que elevó el prestigio de la Casa a Ducal de Baena y a lo más alto de la aristocracia europea. Si Antonio era descendiente de Gran Capitán, Juana no se quedaba corta.
Una Genealogía con Sangre Real:
El árbol genealógico de Doña Juana la conectaba directamente con las coronas de Aragón, Castilla y Nápoles:
- Bisabuelos: Los Reyes Católicos (hijo natural de Fernando de Aragón).
- Abuelo: El rey Alonso de Aragón (hijo de Fernando el Católico, legitimado y nombrado Virrey de Valencia).
- Padres: Don Diego Fernández de Córdoba (III Conde de Alcaudete) y Doña Juana de Aragón (hija del citado virrey).
Los Hijos: El futuro del Ducado.
Fruto de este poderoso matrimonio nacieron sus herederos, encargados de continuar con el linaje en las tierras cordobesas:
- Don Luis Fernández de Córdoba y Cardona: El primogénito. Heredó el título de VI Duque de Sessa, IV Duque de Baena y VIII Conde de Cabra. Continuó las misiones diplomáticas de su padre como embajador.
- Doña Juana y Don Antonio: Sus otros hijos, que mediante matrimonios estratégicos expandieron los lazos de la Casa de Baena con la alta nobleza andaluza y catalana.
Esta influyente pareja decidió inmortalizar su nombre asumiendo de forma exclusiva el patronazgo del Convento de Madre de Dios de Baena, convirtiéndolo en su lujoso panteón familiar eterno. ¡Una historia de poder en nuestra propia Almedina
El Enigma de los Testamentos y la Ruta Internacional de los Duques
La vida de los Duques de Baena no transcurrió solo en nuestras tierras; fue una auténtica novela de alcance internacional con constantes viajes por Italia, Madrid y Valladolid. Gracias a los documentos antiguos, hoy conocemos el rastro de sus últimas voluntades y los lugares exactos donde decidieron el destino de sus posesiones:

- El Testamento del Duque en Italia: Don Antonio dejó firmado su testamento principal en la mismísima Italia, concretamente en la ciudad portuaria de Civitavecchia (Estados de la Iglesia), ante el escribano Jerónimo Rabasa, el 1 de noviembre de 1603.
- Los últimos cambios en Valladolid: Poco después, redactó un codicilo (una modificación) en Valladolid ante Blas López en septiembre de 1604, y un documento final aprobando los anteriores en diciembre de 1605 en la misma ciudad castellana, justo antes de fallecer allí.
- El Testamento de la Duquesa en Madrid: Por su parte, Doña Juana, ya viuda, firmó su testamento definitivo en Madrid ante el escribano Andrés Calbo. ¡Una pareja con los pies en Baena y la mirada en el mundo entero!.Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero.
Una Descendencia de 12 Hijos y la Sorprendente Conexión entre las Dos Iglesias de Baena.
Aunque en los capítulos anteriores hemos conocido a los Duques, lo que casi nadie sabe es que este poderoso matrimonio ¡tuvo un total de doce hijos! Los legajos históricos nos desvelan las biografías de los tres primeros, dejándonos una sorpresa que conecta directamente los dos templos principales de la Almedina:
- Don Luis Fernández de Córdoba Cardona y Requesens: El primogénito y heredero universal. Añadió a sus apellidos el ilustre linaje catalán de los Requesens y sucedió a su padre como VI Duque de Sessa y IV Duque de Baena.

Don Diego de Córdova (La conexión con Santa María): Nació en Baena el 19 de abril de 1583 y, tristemente, murió siendo niño el 1 de mayo de 1588. Lo curioso es que el documento especifica que fue enterrado en la Iglesia Mayor Parroquial de Santa María (cuyo plano aportamos por ser mausoleo de la rama de Valenzuela y Fajardo). ¡Así se une de forma definitiva la historia de ambas iglesias
- Don Fernando Lorenzo-Buenaventura de Córdova: Nacido en Baena en 1584, llegó a ser Abad Mayor y Señor de Rute, Canónigo de Córdoba y Rector de la prestigiosa Universidad de Salamanca.
Toda esta inmensa corte familiar tuvo su epicentro en el Convento de Madre de Dios, donde los Duques decidieron levantar su panteón definitivo.
El Fichaje de dos Genios de la Arquitectura y el Retablo Veneciano.
Cuando los Duques decidieron financiar y terminar la Capilla Mayor del Convento de Madre de Dios de Baena para usarla como su tumba definitiva, querían que su descanso fuera eterno y deslumbrante, por lo que contrataron a la absoluta élite artística del Siglo de Oro.
El diseño original de la imponente cabecera fue encargado nada menos que a Diego de Siloé, el genial arquitecto burgalés que revolucionó el Renacimiento en Andalucía con la Catedral de Granada y convento de San Jeronimo. Como Siloé estaba desbordado por los encargos de la Corona, los planos maestros se enviaron a Baena para ser ejecutados materialmente por otro gigante: Hernán Ruiz II «El Joven», el mismísimo arquitecto del cuerpo de campanas de la Giralda de Sevilla. Juntos crearon la espectacular bóveda de casetones que hoy corona el altar.

Para revestir los muros, realizaron un costosísimo encargo internacional: un retablo monumental con 64 pinturas sobre tabla traídas directamente desde Venecia (Italia), pintadas en el cotizadísimo taller de los Bassano. ¡Una pinacoteca veneciana oculta para custodiar el descanso de los Duques.
Sus escudos heráldicos.
El broche de oro político de este panteón ducal está grabado en la piedra y la madera del altar de Madre de Dios. Si te sitúas frente al presbiterio y alzas la vista hacia el ático (el punto más alto del retablo), descubrirás un relieve policromado de la Casa de Cabra con un detalle histórico e iconográfico que impresiona a los expertos de toda España: la cabeza del rey moro Boabdil «el Chico» encadenada por el cuello.
Este motivo militar tan singular fue un privilegio de armas concedido por los Reyes Católicos a los Condes de Cabra tras la célebre Batalla de Lucena en 1483, donde las tropas de nuestra comarca capturaron al último emir de Granada. El escudo se completa flanqueado por las 22 banderas capturadas a las tropas nazaríes (¡18 de ellas con los colores blanteros y verdes!) y se funde con los cuarteles de las barras de Aragón y los cardos de la Casa de Cardona aportados por la duquesa Juana. ¡Toda la geopolítica y las hazañas militares de la Reconquista talladas con orgullo en los muros de Baena!.
Palabras para la Eternidad: La Traducción de los Epitafios Ducales.
Llegamos al final de nuestra serie en las tumbas de los Duques en el Convento de Madre de Dios. Un dato precioso de las crónicas revela que, tras la muerte del Duque en 1606, Doña Juana continuó viuda la obra de su marido para enriquecer la Capilla Mayor, sobreviviendo ella hasta 1615. Grabados en la piedra, lucen sus solemnes inscripciones fúnebres latinas, cuyas traducciones exactas recuperó el historiador Francisco Valverde:

El Epitafio del Duque Don Antonio (Fallecido a los 55 años): «Aquí yace Antonio Fernández de Córdova y Cardona, Almirante de Nápoles, Duque de Sessa, de Baena y Soma; Conde de Cabra… hijo de Beatriz de Córdova, nieta y heredera del Gran Capitán Gonzalo. Desempeñó durante 14 años la Legación cerca de los Pontífices Sixto V, Urbano VII, Gregorio XIV, Inocencio IX y Clemente VIII. Prestó grandes servicios a la Cristiandad y a los Reyes Felipe II y Felipe III. Fue Mayordomo Mayor de la Reina Margarita, en cuyos cargos falleció en Valladolid a 6 de Enero de 1606… Fue varón de justa integridad y de singular prudencia, conocedor de las artes, de la paz y de la guerra. Sepultado aquí, gozará de la gloria de la inmortalidad.»

El Epitafio de la Duquesa Doña Juana (Fallecida en 1615): «Juana de Córdova y Aragon, Duquesa de Sessa y de Baena, esposa de Antonio, e hija de Diego de Córdova, Marques de Comares, y de Juana de Aragon, Duquesa de Segorbe y de Cardona, acordándose de la muerte, dispuso, en vida, junto al de su esposo un sepulcro que fuera monumento de su ya pasada sociedad conyugal y á la vez símbolo de la eterna que le espera.»
Una bellísima frase final que demuestra que su panteón en Baena no solo se construyó por orgullo y poder, sino como un pacto de amor eterno. ¡Historia viva de España custodiada para siempre en nuestra Almedina! (Ciudad).
Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero.
fferyri@gmail.com