
Foto Susana Collado Fernández
Un linaje noble en tierra sevillana
Como regla general, los grandes linajes del pasado descansan en catedrales, monasterios, iglesias o panteones señoriales. Sin embargo, a veces los cementerios nos reservan silenciosas sorpresas, donde aún perduran rastros de la memoria familiar. En el Cementerio de Sevilla podemos visitar la tumba de Cristóbal Fernández de Córdoba y Rojas, VII Marqués de Algarinejo, XII de Cardeñosa, IX de Valenzuela, VIII Conde de Luque y Señor de la Real Villa de Zuheros, quien también ostentó la jefatura del linaje de los Chávez de Ciudad Rodrigo (Salamanca).
Hijo del ilustre Cristóbal Rafael Fernández de Córdoba y Pérez Barradas (Guadix, 27 de febrero de 1761 – Granada, 27 de abril de 1833) y de su segunda esposa, María del Carmen de Rojas y Narváez nacida en Loja (Granada) bautizada en la iglesia mayor de la Encarnación el 17 de julio de 1785, hija de José María de Rojas y del Rosal y de su esposa Teresa de Jesús Narváez y Porcel, tia del Ministro de la Guerra José María Narváez y Campos, Espadón de Loja.
Él nació en el Palacio familiar de Granada en marzo de 1804. Falleció en Sevilla el 6 de septiembre de 1873.
Entre sus cargos y distinciones destacan los de Alférez Mayor de la ciudad de Granada y del Campo de San Roque (Gibraltar), veinticuatro perpetuo de Córdoba y Granada, Real Caballero de la Maestranza de Sevilla y Gran Cruz de la Orden de Carlos III. En Écija, el 15 de febrero de 1866, solicitó de nuevo la Grandeza de España para su casa, ya pedida por su abuelo en 1782, sin que llegara a obtenerse, a pesar de pertenecer a una de las familias más ricas y renombradas del siglo XIX andaluz.
Contrajo primer matrimonio el 8 de septiembre de 1819, en la parroquia de Santa Ana de Écija, con María del Valle González de Aguilar y Espinosa Ponce de León (Écija, 14 de octubre de 1800 – Sevilla, 10 de marzo de 1858), hija de Francisco González de Aguilar y Ponce de León y de Ana Joaquina de Espinosa y Cárdenas. Ambos reposan juntos en esta tumba sevillana, junto a dos de sus hijos:
Cristóbal Fernández de Córdoba (1821–1878), casado con María Pastora Tamariz Martel Bernuy, sin descendencia.
María Jesús Fernández de Córdoba, fallecida en Sevilla el 23 de mayo de 1884.
También son hijas de este primer matrimonio:
M. Carmen (1822-1871), casada con José María Poveda de la Puerta y Grajera (1818-1881), donde se establecieron los títulos.
M. Teresa marquesa consorte de Peñaflor, casada con Juan Bautista Pérez Barradas y Bernuy.
M. Soledadx casada con José Cabrera Bernuy.
M. Dolores, M. Concepción y M. Josefa.
Viudo caso una segunda con María Concepción de Ojeda y Jurado Valdelomar, natural de El Puerto de Santa María, hijo de este matrimonio Gonzalo Fernández de Córdoba y Ojeda (Madrid, 1865), quien renunció a los títulos por escrito el 4 de mayo de 1894 en favor de su sobrino primogénito José María de la Puerta y Fernández de Córdoba.
La lápida de piedra recuerda a su esposa, María del Valle González de Aguilar, y a dos de sus hijos fallecidos sin descendencia directa: Cristóbal y María Jesús. También figura una placa en piedra, recuerdo de su hija María Teresa, casada con Juan Bautista Pérez Barradas y Bernuy, en cuya descendencia está representada hoy en día las casas de los duques de Puertollano, marqueses de Griñón y condes de Cuba. La tumba, rodeada por una reja de hierro forjado, es un testimonio material del prestigio, la historia familiar y el olvido que amenaza a tantas figuras ilustres sepultadas en cementerios civiles.
Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero
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