ELVIRA FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA Y MANRIQUE DE LARA

Foto: Susana Collado Fernández, Museo del Gran Capitán, Montilla (Córdoba)

¿Quién no hizo alguna vez una colección de cromos, donde siempre había algunas estampas imposibles o muy difíciles de conseguir? En la genealogía y heráldica sucede algo parecido: existen figuras, fotos, escudos, cuadros esquivos, difíciles de rastrear, que se convierten en verdaderas joyas para los investigadores. Este retrato de doña Elvira es, sin duda, uno de ellos.

Se trata de una imagen tomada por el célebre fotógrafo Jean Laurent (1816–1886) sobre papel con gelatinobromuro de plata hacia 1860. Reproduce una pintura anterior —aún no localizada— que muestra a Elvira ataviada con un rico vestido bordado, sujetando un clavel blanco, símbolo de nobleza y virtud. Esta valiosa reproducción se encuentra hoy expuesta en el Museo del Gran Capitán de Montilla (Córdoba), sirviendo como ventana al pasado y recordatorio de quienes, como ella, fueron pilares discretos de la historia.

Origen y linaje

Elvira Fernández de Córdoba y Manrique de Lara recibió su nombre en honor a su abuela paterna, Elvira Herrera. Por la muerte de sus hermanas mayores, quedó como única heredera del linaje y de los vastos estados de su padre, el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba y Herrera.

A la muerte de este, Elvira sucedió como II Duquesa de Sessa, así como de Adrià y Santángelo; fue también Princesa de Jaffa y Venosa, Marquesa de Bitonto y Señora de los extensos dominios italianos y andaluces acumulados por su progenitor.

Proyectos matrimoniales

Su matrimonio fue objeto de interés estratégico por parte de las principales casas nobiliarias y del propio rey Fernando el Católico. En primer lugar, se concertó su enlace con Federico Colonna, como consta en las escrituras con poder otorgadas el 11 de octubre de 1511 ante el notario Camilo Giprio de Atissa. Sin embargo, este matrimonio no llegó a celebrarse.

Al año siguiente, ya confirmada como heredera única, el Gran Capitán promovió su boda con Bernardino Fernández de Velasco, duque de Frías, conde de Haro y condestable de Castilla, viudo de Juana de Aragón, hija natural del rey Fernando. Tampoco prosperó esta unión debido a la prematura muerte del condestable en Burgos, el 9 de febrero de 1512.

El rey Fernando deseaba casarla con su sobrino Alonso de Aragón, II duque de Segorbe, o con su nieto Fernando de Aragón, comendador mayor de la Orden de Calatrava. Finalmente, Elvira contrajo matrimonio con su pariente, don Luis Fernández de Córdoba y Zúñiga, IV conde de Cabra, vizconde de Iznájar y VI señor de Baena, Rute, Zambra, Albendín y Doña Mencía.

Las capitulaciones matrimoniales se firmaron en Granada el 18 de marzo de 1518, ante el escribano Fernando de Herrera. En ellas, la duquesa madre se comprometía a dotar a su hija con valiosas joyas y collares que deseaba incorporar al mayorazgo familiar, por haber sido obtenidos en campañas y victorias del ilustre Gran Capitán.

Fallecimiento y descendencia

Elvira testó el 18 de septiembre de 1524 y falleció poco después, a consecuencia de un sobreparto. Luis murió en Roma el 18 de agosto de 1526. Ambos fueron enterrados inicialmente en Italia, hasta que su hijo Gonzalo trasladó sus restos al Monasterio de San Jerónimo de Granada. Les sobrevivió doña María Manrique de Lara, duquesa de Terranova, quien asumió la tutela de sus nietos hasta su mayoría de edad.

Fruto del matrimonio entre Elvira y Luis nacieron:

1. Gonzalo, III duque de Sessa.

2. María, fallecida niña en Granada.

3. Francisca, quien heredó a su hermano Gonzalo.

4. Beatriz de Figueroa y de Córdoba, nacida en Sessa el 2 de febrero de 1523, fue duquesa de Soma. En su descendencia permanecieron los estados de Cabra, Sessa y Baena.

5. Diego, nacido en Sessa en 1524, falleció al nacer; su madre murió poco después.

Epílogo

La figura de Elvira Fernández de Córdoba encarna la complejidad del legado del Gran Capitán: mujer noble, heredera de uno de los patrimonios más vastos del Renacimiento hispánico, y pieza clave en la política matrimonial de su tiempo. Su imagen, preservada gracias a la labor del fotógrafo Jean Laurent, es hoy más que un retrato: es un símbolo de la historia silenciosa de las mujeres que heredaron, sostuvieron y proyectaron el poder de las grandes casas nobiliarias.

Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero.

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