
El Gran Capitán la estatua que vigila pacientemente Córdoba
En pleno centro de Córdoba, en la Plaza de las Tendillas, se alza una de las estatuas más singulares de España. Representa al Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, pero…
Una inauguración a lo grande… y filmada en 1923.
El 24 de octubre de 1923, Córdoba rindió homenaje a su hijo más ilustre con la inauguración de la estatua ecuestre del Gran Capitán. La ciudad entera se volcó: autoridades civiles, militares y eclesiásticas, estudiantes, bandas de música y vecinos abarrotaron la Plaza de las Tendillas, aún en transformación urbanística.
El monumento, diseñado por Mateo Inurria, fue bendecido en un acto solemne con aires patrióticos. No faltaron los discursos, los uniformes de gala y la emoción colectiva.
¿Lo más increíble? ¡Hay un vídeo de la inauguración!. Esto indica la importancia del hecho.
Una breve filmación en blanco y negro, sin sonido, que nos muestra el ambiente de la época: militares desfilando, presidencia y autoridades, la multitud abarrotando la plaza…
Puedes ver el vídeo copiando y pegando este enlace en tu buscador.
Una cápsula del tiempo que nos permite ver con nuestros propios ojos cómo Córdoba celebró la memoria del Gran Capitán hace más de un siglo.
Una ciudad que miraba al pasado… mientras forjaba su identidad moderna.
Un guerrero sin arma y rostro prestado.
Pero, ¿sabías que no lleva espada?
La estatua, como ya hemos nombrado obra del escultor cordobés Mateo Inurria representa al Gran Capitán sin espada en la mano. ¿Olvido? Para nada. Inurria quiso mostrarlo como estratega, no como guerrero. El caballo no galopa. Camina. Él no ataca. Observa. Un héroe de la inteligencia y diplomacia, estratega de evitar la batalla, o el enfrentamiento guerrero cara a cara.
Es un Gonzalo, con la cabeza alta, algo ladeada, como saludando al pueblo que lo recibe, que regresa vencedor de sus batallas, sabedor de su grandeza.
Y lo más curioso: ¡ese no es su rostro!. Como no se conservan retratos auténticos del siglo XV, el escultor usó de modelo a un joven torero, se dice que lagartijo cordobés, plasmando los rasgos de un guerrero, en mármol blanco. Portando una corona de laurel, que simboliza la gloria.
La estatua, referente y centro de Córdoba es una cápsula del tiempo que ha visto de todo: procesiones, manifestaciones, celebraciones deportivas, miles de fotos de turistas y cordobeses. Se ha convertido en parte del alma de la ciudad.
Una ciudad que miraba al pasado… mientras forjaba su identidad moderna.
Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero
fferyri@gmail.com