
Relato de Doña Francisca Fernández de Córdoba y Fernández de Córdoba. Conocida por Doña Francisca Fernández de Córdoba y de la Cerda, segunda duquesa de Baena, sexta condesa de Cabra, vizcondesa de Iznájar, cuarta duquesa de Sessa y marquesa de Gibraleón
Nació en Nápoles el 10 de agosto de 1521, en el seno de una de las casas más poderosas de Castilla. Hija de los duques de Sessa y hermana del célebre Gonzalo Fernández de Córdoba, III duque de Sessa, heredó una vasta red de señoríos y honores que la convirtieron en una de las grandes señoras de su tiempo.
A los 21 años, su hermano la casó con don Alonso de Zúñiga y Sotomayor, cuarto marqués de Gibraleón y sexto conde de Belalcázar. La dote ascendió a 80.000 ducados, reflejo de la riqueza y el prestigio de su linaje. Con su esposo compartió la pasión por la caza y la vida señorial en sus villas, hasta que la muerte lo sorprendió prematuramente en 1559. Viuda, se retiró primero a Cabra y más tarde a Baena, donde fijó su residencia definitiva.
En 1578, tras el fallecimiento de su hermano, heredó la jefatura de la Casa de Cabra. El propio Felipe II le escribió desde Lisboa en 1581 para reconocer sus derechos, aunque pronto se levantaron pleitos con su primo-hermano don Luis Fernández de Córdoba, señor de la Zubia y Albendín, que aspiraba al mayorazgo. Aquellos litigios, largos y costosos, se resolvieron en la Real Chancillería de Granada con una transacción: Doña Francisca conservaría en propiedad los estados de Baena, Cabra, Iznájar y otros, mientras que don Luis y sus descendientes recibirían la sucesión del mayorazgo de la Zubia.
Durante estas décadas, Francisca desplegó una generosidad sin límites. Fue célebre por sus obras de caridad y su desprendimiento, tanto que un biógrafo recogió una anécdota en la que Felipe II, al alabar la liberalidad del duque don Gonzalo, oyó de labios del propio duque que todavía había en su familia alguien más pródiga: “Pues yo, Señor, sí la conozco: mi hermana doña Francisca”.
Falleció en Baena el 9 de junio de 1597, a los 76 años de edad, tras largas enfermedades, siendo sepultada en el convento de la Madre de Dios, bajo el patronato de su linaje. Su epitafio la recuerda entre las más ilustres señoras de la Casa de Cabra y de Baena, y su memoria quedó vinculada a la imagen de una gran dama renacentista, ejemplo de nobleza, virtud y esplendidez.
De esta grande española se lee en el libro de Blas de Salazar una curiosa y peregrina noticia, que se registro pero se desconoce su fundamento: estando viuda, la quiso tomar por esposa el Rey de Dinamarca ( Federico II o Cristian IV, de la casa de Oldenburgo), lo que ella rechazo.
Con su muerte se extinguió la rama mayor directa de la Casa de Cabra, que pasó en 1597 a la Casa de los Duques de Soma, representada por el hijo de doña Beatriz Fernández de Córdoba y de Figueroa, hermana de Francisca.
Antonio Folch de Cardona y Fernández de Córdoba.
Datos Francisco de Betancohur.
Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero.
fferyri@gmail.com