
Sanidad Militar.
La campaña de Granada (1482–1492), último episodio de la Reconquista, reunió en un mismo escenario las fuerzas políticas, militares y logísticas de los Reyes Católicos. Mientras Fernando de Aragón encabezaba las operaciones de asedio y conquista, la reina Isabel desplegaba un papel complementario, no limitado a la representación simbólica, sino proyectado en la organización material de la guerra.
En 1484, durante la ofensiva sobre Granada, Isabel ordenó instalar en la retaguardia en Loja un hospital de campaña, conocido como el Hospital de la Reina. Se trataba de un conjunto de tiendas destinadas a la atención de los heridos y enfermos, provistas de médicos, cirujanos, ropa limpia y medicinas. El objetivo era reducir las pérdidas humanas derivadas de la distancia entre los frentes y los lugares habituales de cura y algo más alejado del enemigo. La reina supervisaba la iniciativa, que fue percibida por los cronistas como un gesto de piedad y de compromiso personal con sus soldados.
El proyecto no surgió únicamente de la inspiración regia: la tradición historiográfica señala que Gonzalo Fernández de Córdoba, miembro de la rama de Aguilar, en sus comienzos, amparado por su reina, aconsejó a Isabel sobre la conveniencia de habilitar hospitales próximos al frente. Gonzalo comenzó a proyectar sus ideas sobre un ejército moderno, comenzaba a destacar no solo por su pericia militar, sino también por su capacidad de organización y visión práctica. La colaboración entre ambos cristalizó en una innovación que puede considerarse los inicios de la sanidad militar actual.
Este hospital improvisado en Loja, replicado después en otras campañas, supuso un cambio de paradigma: la asistencia no se limitaba a nobles o caballeros, sino que alcanzaba a toda la tropa. La iniciativa, fruto de la interacción entre la Corona y los linajes nobiliarios —en particular los Fernández de Córdoba—, sembró la base de un sistema sanitario militar que con el tiempo evolucionaría hasta convertirse en un elemento esencial de los ejércitos europeos.
De esta manera, la figura de Isabel la Católica como protectora y organizadora, y la de Gonzalo Fernández de Córdoba como joven consejero y militar en ascenso, convergen en un episodio que no solo pertenece a la historia de la Guerra de Granada, sino también a la génesis de la sanidad castrense.
Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero.
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