LAS CADENAS DEL REY MORO

Árchez (Málaga).

El rey encadenado: heráldica, memoria y la batalla de Lucena.

En los últimos años, algunos municipios andaluces han decidido modificar sus escudos tradicionales eliminando las cadenas que sujetan al rey moro Boabdil, símbolo que durante siglos recordaba la batalla de Lucena (1483) y la victoria cristiana que marcó el principio del fin del Reino de Granada.

Es el caso de Sedella y Canillas de Aceituno, en la provincia de Málaga, cuyos ayuntamientos mantuvieron la figura del monarca nazarí, pero le retiraron las cadenas, consideradas por algunos “ofensivas” o “xenófobas”. Sin embargo, esta modificación, aunque aparentemente menor, rompe el sentido histórico y heráldico original del emblema.

El origen del símbolo: la batalla de Lucena (1483).

El 21 de abril de 1483, Boabdil (Muhammad XII), rey de Granada, fue derrotado y hecho prisionero en Lucena por las tropas cristianas dirigidas por don Diego Fernández de Córdoba y Carrillo de Albornoz, III conde de Cabra, y su sobrino, don Diego Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles.

El enfrentamiento, librado a las puertas de la villa, fue uno de los episodios más notables de la guerra de Granada: por primera vez, un rey musulmán caía prisionero en manos cristianas desde hacía siglos.

Los cronistas de la época —Hernando del Pulgar y Andrés Bernáldez, entre otros— narran cómo el joven Boabdil fue capturado por los hombres del alcaide de los Donceles y conducido ante su tío, el conde de Cabra, en Lucena.

El suceso fue celebrado por los Reyes Católicos, que recompensaron a ambos con honores y privilegios, entre ellos la concesión de incorporar a su escudo familiar la figura del rey moro encadenado, símbolo del triunfo en Lucena.

Del blasón nobiliario al escudo municipal.

A partir de entonces, la figura del rey moro encadenado se integró en las armas de la Casa de Cabra y de la rama del alcaide de los Donceles, extendiéndose a los escudos de muchos pueblos bajo su jurisdicción o influencia señorial.

Así ocurrió en municipios como Sedella, Canillas de Aceituno, Comares o Valenzuela, donde las armas locales reproducían el blasón de sus señores —costumbre habitual en los siglos XV y XVI—, y con ello perpetuaban la memoria de la victoria de Lucena.

Por tanto, las cadenas que acompañaban al rey moro no eran símbolo de desprecio racial ni religioso, sino una representación heráldica de un hecho histórico concreto, la captura del monarca nazarí por los Fernández de Córdoba.

Quitar las cadenas, aunque el rey permanezca en el escudo, despoja el símbolo de su contexto histórico y de su significado original.

Reinterpretar sin borrar.

En 2007 Sedella y en 2009 Canillas de Aceituno decidieron “liberar” al rey Boabdil de sus cadenas, alegando que representaban una “lucha de dominio entre razas”. Que ya llevaba muchos años prisionero.

Sin embargo, otros municipios, como Comares, mantienen la heráldica original, respetando la continuidad de su historia.

Estas decisiones reflejan un dilema moderno: cómo conciliar la sensibilidad contemporánea con la fidelidad al pasado.

La heráldica no debe juzgarse con los criterios del presente, sino entenderse como lenguaje histórico y memoria simbólica de una época concreta.

La historia no se borra.

Las cadenas de Boabdil son más que un adorno heráldico: son un testimonio visual de la historia de Andalucía, de su compleja relación entre moros y cristianos, entre conquista y convivencia.

Como escribió el cronista Hernando del Pulgar, “las obras de los hombres no se deshacen mudando los signos de su memoria”.

Cambiar los símbolos no cambia los hechos: Boabdil fue capturado en Lucena por los Fernández de Córdoba, y aquella victoria quedó plasmada en piedra, escudo y tradición.

Podemos reinterpretar el pasado con respeto, pero no debemos borrarlo para hacerlo más cómodo al presente.

Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero.

fferyri@gmail.com