MANUELA FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA Y GUMES

Foto Carmen Vereterra y Fernández de Córdoba.

María Manuela Fernández de Córdoba y de Güemes (1822–1871), V condesa de Revilla Gigedo, V marquesa de Canillejas, III condesa de Güemes, Grande de España.

Doña María Manuela de la Paciencia Fernández de Córdoba y de Güemes nació en 1822 en el seno de una de las familias más ilustres de la aristocracia española. Hija de don José María Fernández de Córdoba y Cascajares, marqués de Canillejas, y de doña Carlota de Güemes, condesa de Revilla Gigedo, unió en su persona los linajes de los Fernández de Córdoba, con los Güemes, una de las casas nobiliarias de más antigua raigambre en Asturias y Cantabria.

En ella confluyeron tres títulos de gran prestigio: fue V condesa de Revilla Gigedo, V marquesa de Canillejas y III condesa de Güemes, además de Grande de España, condición que la situaba en la cúspide de la jerarquía nobiliaria del siglo XIX. Por su alcurnia y su cercanía a la Corte, fue dama de la reina Isabel II y dama noble de la Banda de María Luisa, distinción que reconocía su rango y su servicio a la monarquía.

El 16 de julio de 1838, en Madrid, contrajo matrimonio con don Álvaro de Armada y Valdés, V marqués de San Esteban de Natahoyo, VII marqués de Santa Cruz de Rivadulla y XVI adelantado mayor de la Florida, hijo de doña María del Rosario Valdés y Ramírez de Jove, IV marquesa de San Esteban de Natahoyo, y de don Juan Antonio de Armada y Guerra.

Este enlace unió tres poderosos linajes —Armada, Fernández de Córdoba y Güemes—, consolidando un patrimonio y una herencia que vincularían a Asturias, Galicia y Castilla en una misma estirpe.

La vida de doña María Manuela transcurrió entre Madrid y Oviedo, donde la familia mantuvo residencias y extensas propiedades. Fue una mujer de sólida educación, carácter sereno y profundo sentido del deber, cualidades que reflejan los retratos que de ella se conservan.

Entre ellos destaca una fotografía tomada hacia 1865–1870 por el estudio Ramón del Fresno y Hermano, fotógrafos, Oviedo, que muestra a la condesa en la madurez de su vida. La imagen, de formato carte de visite, presenta a doña María Manuela sentada, sosteniendo un libro entre las manos, gesto que denota cultura, fe y reflexión interior.

Viste un amplio traje de seda oscuro con adornos de pasamanería y encajes, siguiendo la moda isabelina tardía, y luce un lazo blanco al cuello, símbolo de elegancia discreta. El peinado, elevado y recogido en moño alto, refleja el gusto de la nobleza madrileña de los años sesenta.

El conjunto transmite una imagen de dignidad y autoridad moral, propia de las damas de la alta sociedad de su tiempo, pero también deja entrever una mirada de serenidad que humaniza el retrato.

La elección de un fotógrafo ovetense, en lugar de uno de los grandes estudios madrileños, sugiere su apego a la tierra asturiana de su familia materna y de su esposo.

Doña María Manuela falleció en Madrid el 18 de abril de 1871, a los cuarenta y nueve años, dejando tres hijos, entre ellos don Álvaro de Armada y Fernández de Córdoba, quien heredó los títulos de VI marqués de San Esteban de Natahoyo, VI conde de Revilla Gigedo, VIII marqués de Santa Cruz de Rivadulla y IV conde de Güemes, además de la Grandeza de España.

Su retrato constituye hoy un valioso testimonio del espíritu de una época en la que la nobleza española, entre la tradición y la modernidad, mantenía aún su papel de guía social y cultural.

La imagen de doña María Manuela Fernández de Córdoba y de Güemes, condesa de Revilla Gigedo, sigue siendo, más de siglo y medio después, un símbolo de esa continuidad y de la nobleza ilustrada que encarnó con elegancia y discreción.

Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero.

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