MARÍA ISIDRA DE GUZMÁN Y DE LA CERDA

María Isidra de Guzmán y la Cerda (1767–1803)

Nacimiento: 31 de octubre de 1767, Madrid.

Fallecimiento: 5 de marzo de 1803, Córdoba.

María Isidra de Guzmán y la Cerda fue una destacada figura de la Ilustración española y la primera mujer en obtener un doctorado en España, así como la primera en ingresar en la Real Academia Española. Su vida y obra reflejan el cruce entre el prestigio nobiliario y la excelencia intelectual en el siglo XVIII.

Educación y carrera académica.

Desde joven, María Isidra mostró un extraordinario talento intelectual, siguiendo los pasos de su abuela, la condesa de Paredes, autora de Año cristiano (1654). A los 17 años, y por propuesta del marqués de Santa Cruz, ingresó como socia honoraria en la Real Academia Española (1784), siendo la primera mujer en alcanzar este honor. Poco después también se integró en la Real Academia de la Historia.

El 23 de abril de 1785, Carlos III emitió una real orden por la que dispensaba a María Isidra para obtener los grados de Filosofía y Letras Humanas en la Universidad de Alcalá de Henares, institución que entonces prohibía el acceso a mujeres, justificando la excepción por las “sobresalientes cualidades personales de que está dotada”.

Realizó el examen de grado, que consistió en una prueba oral en la que se le formularon preguntas sobre griego, latín, francés, italiano, español, retórica, mitología, geometría, geografía, filosofía, lógica, ontosofía, teosofía, psicología, física general y particular, zoología, botánica, sistemas del orbe, esfera armilar y ética. Su desempeño fue calificado como una demostración de “prontitud, claridad y fondo de doctrina, dando las más claras pruebas de su extensa instrucción, perspicacia de ingenio y memoria singular”.

Tras obtener el doctorado, conocido popularmente como la Doctora de Alcalá, María Isidra realizó una disertación sobre si “la mujer virtuosa y docta podía enseñar en las universidades las ciencias profanas y sagradas”, siendo nombrada catedrática honoraria de Filosofía Moderna, consiliaria perpetua de la Universidad y examinadora de cursantes filósofos. La intervención del rey reflejaba, además de reconocimiento personal, un interés por modernizar una universidad anclada en la escolástica y reacia al empirismo, evidenciado en debates sobre el sistema copernicano frente a la interpretación literal de la Sagrada Escritura.

Sociedad y reconocimiento.

María Isidra también fue pionera en su ingreso en sociedades científicas: formó parte de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País y de la Sociedad Económica Matritense, respaldada por Jovellanos pese a la oposición de Cabarrús, que cuestionaba sus méritos al traducir lenguas clásicas del francés y no del original, y por la influencia de su linaje noble.

Origen y linaje.

Hija de Diego de Guzmán y Fernández de Córdoba, marqués de Montealegre y conde de Oñate, y de María Isidra de la Cerda y Guzmán, duquesa de Nájera y condesa de Paredes de Nava, María Isidra provenía de una familia que acumulaba dieciséis títulos nobiliarios, seis con Grandeza de España. La propia María Isidra llegó a asumir los títulos de marquesa de Guadalcázar y de Hinojares.

Vida personal y fallecimiento. En septiembre de 1789 contrajo matrimonio con Rafael Antonio de Sousa, con quien tuvo cuatro hijos. Tras la muerte de Carlos III y el impacto de la Revolución Francesa, decidió dedicarse a la vida familiar en Córdoba. Su salud frágil precipitó su fallecimiento en 1803. Su viudo, de menor formación intelectual, se mantuvo leal a Fernando VII durante el exilio en Valençay.

Documentación y legado.

Las notificaciones, cartas de agradecimiento de María Isidra y copias de los textos de su título académico se conservan en el Archivo Histórico Nacional y pueden consultarse a través de PARES (Portal de Archivos Españoles). Su figura representa un hito en la historia de la educación y los derechos intelectuales de las mujeres en España.

Hito en los derechos de la mujer.

El ejemplo de María Isidra de Guzmán y la Cerda constituye un precedente histórico para la lucha por la igualdad de género en la educación. Su acceso a la universidad y su reconocimiento académico no solo desafiaron las restricciones de su época, sino que abrieron la puerta para que generaciones posteriores de mujeres pudieran aspirar a la formación intelectual y la participación plena en la vida científica y cultural, marcando el inicio de un camino hacia los derechos de la mujer que continuaría desarrollándose a lo largo del siglo XIX y XX.

Fuente principal: Blog Cita con Clio.

Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero.

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