PEDRO ANTONIO DE ARAGÓN Y FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA

Detalle del retrato de Pedro Antonio de Aragón y Fernández de Córdoba: noble, virrey y mecenas del Barroco. Anónimo italiano s. XVII. Signatura ER/574 (94). CC Biblioteca Nacional de España 

Pedro Antonio de Aragón nació en Lucena (Córdoba) en el seno de dos poderosas casas nobiliarias: los duques de Cardona y los Fernández de Córdoba. Hijo del influyente Enrique de Folch, duque de Cardona y Segorbe, y de Catalina Fernández de Córdoba, su vida estuvo marcada desde joven por los vaivenes de la política hispánica del siglo XVII.

Juventud y primeros pasos en la política

Durante su infancia, su familia se trasladó a Cataluña, donde su padre ejerció como virrey. A los 18 años, Pedro Antonio contrajo matrimonio con Jerónima de Guzmán, marquesa de Pobar, y adoptó el título de marqués. Desde entonces, colaboró estrechamente con su padre en la administración del Principado de Cataluña, en un momento especialmente delicado por la guerra contra Francia y las tensas relaciones entre la monarquía y las instituciones catalanas.

La revuelta catalana y el exilio

En 1640 estalló la llamada «revolta dels segadors», que llevó a la proclamación de la República catalana bajo protección francesa. El padre de Pedro Antonio fue llamado de nuevo a pacificar el territorio, pero falleció en campaña. Pedro Antonio y su familia quedaron atrapados en la revuelta: él y su hermano Antonio fueron encarcelados por sospechas de espionaje, y su madre, la duquesa viuda, fue confinada en un convento.

Gracias a un canje diplomático con la embajada catalana ante Felipe IV, lograron ser liberados y se trasladaron a Huesca. Allí, Pedro Antonio fue nombrado virrey de Cataluña y general del ejército que debía recuperar el territorio. Sin embargo, su campaña militar fracasó: fue capturado por las tropas franco-catalanas y pasó dos años en prisión en Montpellier. Durante ese tiempo escribió un tratado titulado Geometría militar.

Educador del príncipe heredero y caída en desgracia

Tras su liberación, fue nombrado gentilhombre y educador del joven príncipe Baltasar Carlos. Lo acompañó en varios viajes por los reinos de España. Sin embargo, tras la muerte prematura del príncipe en Zaragoza en 1646, Pedro Antonio fue apartado de la Corte. Se le acusó, sin pruebas firmes, de haber favorecido aventuras amorosas del heredero que podrían haber influido en su salud. Como consecuencia, fue enviado a los dominios familiares de Segorbe, donde vivió alejado del poder más de una década.

Regreso a la Corte y virrey de Nápoles

Gracias al apoyo de sus poderosos hermanos —el duque de Cardona y Pascual de Aragón, presidente del Consejo de Aragón—, y de su cuñado Luis de Haro (valido de Felipe IV), Pedro Antonio regresó a la vida política en los años 1660. En 1664 contrajo segundas nupcias con Ana Fernández de Córdoba, hija del marqués de Priego, y poco después fue nombrado embajador en Roma.

En 1666 se le confió el virreinato de Nápoles, uno de los cargos más prestigiosos del Imperio. Hizo su entrada triunfal con un cortejo de más de ochenta carruajes, símbolo del poder barroco. Durante su mandato, se centró en estabilizar la economía, combatir el bandolerismo y promover una política de obras públicas y beneficencia. Fundó hospitales, construyó fuentes públicas y transformó Nápoles en un centro cultural comparable al de Alfonso el Magnánimo, a quien tomó como modelo histórico. En 1671, incluso trasladó los restos de este rey al monasterio de Poblet, reforzando su imagen como legítimo heredero espiritual de su legado aragonés en Italia.

Últimos años: política cortesana y disputa nobiliaria

En 1672 regresó a España para presidir el Consejo de Aragón, justo cuando estallaba el conflicto entre la reina regente Mariana de Austria y el bastardo real Juan José de Austria. Pedro Antonio y los Cardona apoyaron a este último, liderando el llamado “partido nobiliario”. A pesar del conflicto dinástico, Pedro Antonio se mantuvo en el poder: presidió las Cortes de Aragón durante una década y fue distinguido con la Grandeza de España.

Sus últimos años estuvieron marcados por un largo pleito contra su sobrina Catalina Antonia de Aragón por la sucesión de los títulos de Cardona y Segorbe, que Pedro Antonio reclamaba como varón más cercano. Aunque no logró el reconocimiento pleno de esos títulos, su figura se consolidó como uno de los grandes protagonistas de la política hispánica del Barroco.

Murió sin descendencia directa.

Datos adaptados de historia hispánica por Francisco Fernández de Córdoba y Rivero

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