
“Poner un sambenito”: origen de una expresión de la Inquisición.
Hoy decimos que a alguien “le han puesto un sambenito” cuando arrastra una mala fama difícil de quitar. La expresión viene de la Inquisición española y de una sociedad donde el honor y el apellido eran determinantes.
IMAGEN POR I.A.
El sambenito o sanbenito.
El “sambenito” era una prenda que la Inquisición obligaba a llevar a los condenados por delitos de fe, durante los autos de fe. Era un hábito con cruces y símbolos que señalaba públicamente al acusado.
En muchos casos, estos sambenitos se colgaban en iglesias, dejando una marca visible que podía afectar incluso a los descendientes.
De ahí surge la expresión:
“poner un sambenito”, es decir, dejar a alguien señalado.
Limpieza de sangre y apellidos de prestigio.
En la Edad Moderna, los expedientes de limpieza de sangre exigían demostrar que no se tenía ascendencia judía o musulmana para acceder a cargos y privilegios.
Muchos conversos adoptaban apellidos como el de Fernández de Córdoba de gran prestigio para integrarse en la sociedad.
Su fama hizo que el apellido fuera imitado por algunos conversos o moriscos ya bautizados, lo que en ocasiones generaba sospechas e investigaciones. Dando lugar para que en algunos expedientes de la santa inquisición apareciera el apellido Fernández de Córdoba.
Del sambenito físico al social.
Con el tiempo, el “sambenito” dejó de ser una prenda para convertirse en una idea: una etiqueta o reputación negativa difícil de eliminar.
Conclusión:
La expresión refleja una época en la que el honor y el apellido podían marcar la vida de una persona. Y donde, en ocasiones, el simple hecho de llevar un nombre prestigioso como Fernández de Córdoba podía ser motivo de orgullo… o de sospecha.
Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero.
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