QUEIPO DE LLANO Y FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, CONDES DE TORENO

Panteón familiar y sepultura provisional.

Sepultura de los VIII Condes de Toreno y su hijo Alfonso Queipo de Llano en el Cementerio de San Isidro (Madrid).

En el cementerio de San Isidro de Madrid se conserva la tumba de los excelentísimos señores don Francisco de Borja Queipo de Llano y Gayoso de los Cobos, VIII conde de Toreno, y su esposa doña María del Carmen Fernández de Córdoba Álvarez de Bohórques, así como la de su hijo don Alfonso Queipo de Llano y Fernández de Córdoba.

El epitafio, grabado en mármol, reza:

«Aquí yacen los Excmos. Sres. D. Francisco de Borja Queipo de Llano y Gayoso y Dña. María del Carmen Fernández de Córdoba Álvarez de Bohorques, Condes de Toreno: fallecieron 31 de enero de 1890 y 22 de octubre de 1907, y el Excmo. Sr. D. Alfonso Queipo de Llano y Fernández de Córdoba: falleció 12 de diciembre de 1910. R.I.P.»

Esta sepultura perpetua fue adquirida por la familia en 1843, con motivo del fallecimiento del VII conde de Toreno, concesionario de la Grandeza de España, durante su cuarto exilio en París. Sus restos fueron trasladados desde Francia a Madrid y depositados temporalmente en esta tumba, hasta su posterior traslado a la Colegiata de Cangas de Tineo, panteón familiar de la Casa de Toreno.

Entierro del VIII Conde de Toreno (1890).

El VIII conde de Toreno, Francisco de Borja Queipo de Llano y Gayoso de los Cobos, falleció en Madrid el 31 de enero de 1890. Su entierro constituyó un solemne cortejo fúnebre que partió de su residencia en la plaza de las Capuchinas, feligresía de San Marcos, y recorrió buena parte de la capital.

La comitiva avanzó por la calle de los Reyes y la plaza de San Marcial (actual plaza de España), descendió por la Cuesta de la Vega, rodeó el Campo del Moro, pasó junto a la ermita de la Virgen del Puerto, y continuó por la ribera izquierda del río Manzanares hasta cruzar el puente de San Isidro, para llegar finalmente al cementerio del mismo nombre, situado en la margen opuesta, donde fue sepultado en la misma tumba que había servido de enterramiento temporal a su padre.

Ese mismo año, el Ayuntamiento de Madrid, en reconocimiento a su memoria, dio el nombre de plaza del Conde de Toreno a la antigua plaza de las Capuchinas, denominación que conserva hasta nuestros días.

El artista Juan Comba inmortalizó el momento en un dibujo publicado en La Ilustración Española y Americana, que recoge del natural el último responso rezado en la Cuesta de la Vega.

Hoy, más de un siglo después, la tumba de los Condes de Toreno en San Isidro permanece como un silencioso testimonio del prestigio, la vida pública y la huella histórica de una de las familias más ilustres de la nobleza liberal española del siglo XIX, aunque sus restos y los de sus antepasados reposan finalmente en el panteón familiar de la Colegiata de Cangas de Tineo.

Adaptación: Francisco Fernández de Córdoba y Rivero.

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